jueves, 22 de enero de 2009

Mandoneon

Hoy hay una gran noche de tango en el bar, tango a un piano de uncuartodecola, un tango uno, un perfume de mujer, un libertango Piazzolesco con compases disonantes y arritmias perfectas. En fin, una noche de tango de las que uno busca lleno de esperanza un no se qué que no deja de apricionar con las llaves adentro. Una de aquellas noches que con tres o cuatro lineas parecieran no tener nada mas que decir, pues acaban de salir de un largo, largo silencio de compás completo a 12/8. Así es esta noche, hiriente pero seductora; no nos engañemos, vaya que sí gusta y mucho. No como aquel cigarrillo que cada asistente sostiene entre los dedos indice y cordial de la mano derecha, con hipocresías risibles bajo el sombrero. Pues bien, un ambiente denzo, de esos que, como solían decir los rusos de antaño, se podría cortar en rebanadas con el filo de un cuchillo. El tango simplemente sublime, la noche éxima, ONIRICO. La noche sin una palabra más avanza implacable, nadie baila, Tango triste, tango fracazado, tango solo, solo. Solo como el hombre del sombrero y sin cigarro, como el polvo no barrido que en la mañana atravieza el sol del bar. Como ese hombre rodeado de fumadores de taberna, de un pianista de Petrof y mujeres adictas al fitillo; ser inseparable de la pequeña ventana de esquina, suspira para enfriar el mundo que quizás sueñe con un rostro de vos. --Tengo una soledad tan concurrida que podría organizarla como una procesión, con todos los quijotes danzantes de lado a lado y de par en par, olvidandose de las trompetas y las fiestas, que gozan de regresar llorando a mi soledad, dejando de iluminar crepúsculo, mi sinrazón; tú sabes de que se trata--. El hombre se levanta y anda, traspisa un par de veces, pero no para, sigue, la música tambien; oye un vaso que se quiebra, lo mira y ríe para sí mismo. Es 4 de abril de 1995 y no sabe donde está, hace años que dejó de poner atencion, hace años que camina, bebe y sueña, hace años que enfria al mundo. La gente lo mira, de reojo y sin espejo, pueden intuir como un perro la culpa que él carga, es Sisifo que avanza a la puerta sin salida. El piano se detiene, silencio súbito, que vuelve de frente a marchitar la noche hecha soplo. El hombre, aferrado a un recuerdo que no quiere volver, de ese tiempo que el tango era bolero y chacarera, que no imaginaba a Tánatos; fue hace veinticinco años, cuando existía fuera de sus sueños. Él solía ser el pianista, pero no tocaba tangos -- demasiado arriesgado-- decía entre risas -- siempre hay muertos en un Tango--. \Nunca fue bueno al hablar, solía quedarse callado en las reuniones de amigos y en las fiestas familiares cuando aún las había, pero hablaba/. Su piano era un Gran Petrof blanco, de cola (completa), y

y no tocaba sólo, había una mina siempre con él, siempre con el mas viejo mandoneon argentino y una

\él camina con la cadencia que denota los vasos que derramó sobre el mantel. Vacío ya de amar y de llorar/


una letra que no puede ser palabra
me gusta recordar las cosas a mi manera, no necesariamente como sucedieron